domingo, 14 de julio de 2013

La naranja mecánica

Gran Bretaña, en un futuro indeterminado. Alex es un joven muy agresivo que tiene dos pasiones: la violencia desaforada y Beethoven. Es el jefe de la banda de los drugos, que dan rienda suelta a sus instintos más salvajes apaleando, violando y aterrorizando a la población. Cuando esa escalada de terror llega hasta el asesinato, Alex es detenido y, en prisión, se someterá voluntariamente a una innovadora experiencia de reeducación que pretende anular drásticamente cualquier atisbo de conducta antisocial.

 
Todos dicen que debes comportarte, que debes ser educado y bien agradecido, que debes respetar a tus mayores y que la música docta es solo para almas nobles. Todos dicen que debes adecuarte a la sociedad, pero no. La soledad y la angustia de lo incomprendido aborda al desequilibrado y lo lleva a ejecutar actos de inexplicable maldad y todos creemos que no se puede ser más malo que los malos que nos pinta esa pulcra sociedad. Pero hay cosas peores, te lo puedo asegurar. Hay una naranja que está reservada sólo para antisociales; la sembró el escritor Anthony Burguess y la cosechó el director Stanley Kubrick que la ofrece sin cubiertos ni servilletas. No tiene compasión de ti y te la sirve tan cruda como la vida es. Para que quizás pienses (muchos ya ni recuerdan como pensar).
Una película infaltable en los análisis del buen cine, quizás la obra maestra de un demente acostumbrado a ofrecer obras de arte.